martes, 11 de febrero de 2014

3. LA POESÍA ÉPICA: VIRGILIO Y LUCANO

 3. LA POESÍA ÉPICA: VIRGILIO Y LUCANO
        
         La épica latina ocupa el primer lugar dentro de los orígenes de la literatura latina porque responde al amor por los grandes hechos de la historia nacional en la que se mezclan la leyenda en sus orígenes y el gusto por lo militar, rasgos del carácter romano.
         En la épica latina confluyen tres corrientes: la tradición griega, representada por los poemas homéricos, la historia nacional, como tema del poema, y la poesía alejandrina, que influirá en lo aspectos estilísticos, sobre todo en Virgilio y en la introducción de una épica refinada en la que abundan los temas mitológicos.
         El empleo del hexámetro, procedente de la literatura griega, fue la regla métrica a partir de Ennio. El verso usado antes era el saturnio.
         En sus inicios la poesía épica era de carácter oral y se transmitía en recitaciones públicas. El poeta invitaba a la musa o a la divinidad para recibir su inspiración. Como los poemas no se escribían, la originalidad del autor no estaba garantizada, y en cada recitación, el cantor improvisaba un nuevo poema. Con la escritura la poesía épica se convirtió en una obra de autor, como sucede ya en la poesía latina.
El espíritu épico no fue un rasgo de definitorio de la mentalidad romana debido a su carácter realista y pragmático. Destaca la ausencia aparente de mitología. El temperamento romano transformó esta mitología en historia; los dioses y héroes míticos reaparecen como los personajes históricos de la historia romana más antigua. Los romanos dieron un carácter laico a los viejos mitos y los humanizaron para convertirlos en las primeras páginas de su historia.
Este género tuvo su momento de mayor esplendor durante los primeros tiempos del Imperio, especialmente durante el reinado de Augusto.
La época de Augusto se caracterizó por una etapa de paz que favoreció el desarrollo y esplendor de las artes y la literatura. El emperador se sirvió de las letras para revivir las tradiciones, especialmente la sencillez de las antiguas costumbres, para glorificar la Historia de Roma y para restaurar la religión. La poesía épica desempeñó un papel fundamental en esos propósitos.
         Los principales autores de la épica latina son Virgilio y Lucano.



         Predecesores: periodo preclásico

         Livio Andrónico: esclavo griego. Fue pedagogo de las familias ilustres, enseñaba latín y griego, y fue el primero que dio a conocer la literatura griega a los romanos. Tradujo la Odisea al latín en versos saturnios.

         Cneo Nevio: Romano. Escribió el Bellum Punicum en versos saturnios, deicada a la guerra de Roma contra Cartago. A pesar de la apariencia histórica Nevio dedicará gran atención al héroe romano Eneas y a Dido.
        
         Ennio: puso al servicio de la lengua latina su formación griega y su patriotismo romano. Escribió los Annales, epopeya en 18 libros, de los que nos quedan 600 versos. En ella canta en versos hexámetros la historia de Roma desde sus orígenes hasta su época. Esta obra, hasta la parición de la Eneida, será considerada por los romanos su epopeya nacional. Adoptó el hexámetro. Su lengua y estilo en comparación con Virgilio es rudo, pero cupó un lugar destacado en las escuelas hasta que fue reemplazado por Virgilio.

Virgilio (periodo clásico)


         Publius Vergilius Maro (70-19 a. C.) es uno de los autores de la época clásica, uno de los mejores poetas no sólo de la literatura latina, sino de la universal.  Nació en el norte de Italia y vivió en el seno de una familia de clase media. Tras estudiar unos años en Milán y en Roma, descubre que no siente vocación por la Retórica y se dirige a Nápoles a estudiar filosofía con el epicúreo Sirón. Tras el éxito de su primera obra de envergadura, Bucólicas (años 44-43 a. C.), regresa a Roma y logra entrar en los círculos literarios de Mecenas y de Augusto., con cuyos proyectos se identifica. Apoyado por éste, escribe la Geórgicas y después la Eneida, que le ocupó diez años. Antes de acabarla quiso visitar los escenarios en que transcurría el poema, y así inició un viaje por Grecia y Asia Menor. Cayó enfermo a medio camino y fue trasladado a Italia, donde murió sin haber concluido su poema. Ordenó antes de morir que esta obra fuera quemada, pero sus amigos no le hicieron caso y la publicaron tal como él la dejó, con algunos versos incompletos, bajo el beneplácito del emperador Augusto.

         Virgilio cultivó la poesía pastoril, la poesía didáctica y la épica. Entre las obras que escribió y que no ofrecen duda de autenticidad destacan: Las Bucólicas o Églogas (diez poemas sobre la vida pastoril), Las Geórgicas (es un poema que comprende cuatro libros sobre la agricultura y la vida campestre. Es la obra mejor elaborada de Virgilio en la que se manifiesta como un poeta genial) y la Eneida.
         Por encargo de Augusto, Virgilio escribió la Eneida, considerada la epopeya nacional de Roma. Fue escrita en hexámetros y distribuida en doce libros, con una estructura argumental que sigue los poemas de Homero: en los seis primeros libros se narran las peripecias de Eneas en su viaje de Troya a Italia, a la manera de la Odisea homérica; en los seis últimos, en cambio, se relatan los conflictos que hubo de superar hasta que pudo establecer la paz en la comarca de Alba Longa, tal y como ocurre en el sitio narrado por la Ilíada.

El poema comienza cuando Eneas y sus compañeros llevan ya algunos años vagando en busca de la tierra donde, según el mandato de los dioses, han de fundar una nueva ciudad. Eneas, con los Penates de la destruida Troya, con su padre Anquises y su hijo Ascanio vaga, asistido por su madre Venus, durante mucho tiempo por el mar, cuando una tempestad los arroja a las costas de África. Allí se está levantando Cartago, la futura rival de Roma. Recibido hospitalariamente por la reina Dido, Eneas hace un relato de la destrucción de Troya y de los acontecimientos posteriores. Narra a continuación Virgilio los amores de Eneas y Dido, que se ven obstaculizados por Jupiter, quien recuerda a Eneas la misión encomendada por los "hados"; Eneas parte y Dido se quita la vida. Estos episodios ocupan los primeros cuatro libros y destacan de entre ellos la destrucción de Troya, narrada con tono verdaderamente épico en el libro II, y los amores de Dido y Eneas, que ocupan todo el libro IV de un gran valor dramático y centrado en torno a la figura de Dido, uno de los personajes más logrado del poema. La primera parte del poema termina con el descenso de Eneas al infierno, narrado en el libro VI; allí contempla los espíritus de personas desaparecidas y recibe de su padre Anquises una visión profética sobre sus descendientes. Es éste un libro de una gran belleza formal y dotado, al mismo tiempo, de un importante contenido ideológico y filosófico; en él se exponen las ideas de Virgilio, tomadas del Neoplatonismo, acerca de la vida de ultratumba y de la reencarnación.
Los seis libros siguientes, de mayor contenido narrativo y tono épico, narran la llegada a Italia de Eneas y sus compañeros y sus luchas principalmente con los Rútulos por el dominio de Italia. Destacan en estos libros algunos episodios, como el de Niso y Euríalo (libro IX) de gran valor dramático, el ataque de las amazonas dirigidas por Camila y, muy especialmente, el combate final entre Turno y Eneas que termina con la victoria de este último.
La Eneida presenta elementos propios de la épica tradicional (el uso se símiles y comparaciones, las fórmulas, el empleo de arcaísmos ...) que le confieren el vigor heroico y la solemnidad característicos de un poema épico.
         Además, el tema responde a los rasgos del género: todo sucede por la ira de la diosa Juno que se manifiesta al comienzo de la obra y que no se aplaca hasta el final de ésta. Sin embargo, las novedades que Virgilio otorga al poema son muchas. De esta forma, le transfiere la modernidad suficiente como para que todavía tenga un gran atractivo entre los lectores actuales.
Desde el punto de vista de la evolución del género épico, la Eneida se distancia de todos los poemas anteriores: por primera vez en un poema épico se insertan en la narración recursos y tonos literarios dramáticos y líricos. El estilo de la Eneida es nuevo; Virgilio varía el tono del poema según los momentos y alterna con gran naturalidad la solemnidad épica con el lirismo más puro y con momentos de fuerte dramatismo. Probablemente no alcanza la grandeza de Homero, pero construye una obra de gran humanidad; este es el rasgo más característico de Virgilio: el poeta canta al hombre que sufre para obedecer su destino y no al guerrero que combate. En este carácter lírico de la Eneida, que tan bien se adecua al propio carácter del poeta, se observa la influencia del "epilio" alejandrino. Aunque Virgilio imita a Homero y se inspira en él, su concepción de la poesía es ya muy distinta. Homero es el representante paradigmático de una épica primitiva, pensada para ser recitada generalmente con acompañamiento musical; su intención era exclusivamente cautivar y entretener. Virgilio, por su parte, es un poeta erudito: su obra es producto de un intenso estudio de la fuentes y de los modelos tanto griegos como latinos.
Uno de los aspectos más criticados del poema virgiliano es el tratamiento de los personajes, en concreto el de Eneas. Se acusa a Virgilio de crear un personaje excesivamente frío, atento solamente a la voluntad de los dioses y con poca vida. El rasgo más característico de Eneas es la "pietas" y es más un héroe humano que un héroe guerrero como los homéricos. El segundo personaje en importancia es Dido, cuyos amores con Eneas son el centro del libro IV; este personaje está tomado de la tradición épica latina: Nevio ya la había introducido en su poema. Virgilio nos la presenta como una víctima de los dioses. La figura de Dido desmiente a quienes consideran que Virgilio era demasiado blando como para crear caracteres fuertes; es Dido, quizá, la figura más lograda de la Eneida y está llena de fuerza y pasión humana.
La Eneida es una obra de extraordinaria perfección estilística y métrica, aunque su autor pidió en su testamento que se destruyera por considerarla inacabada. A pesar de los deseos del poeta, Augusto dio orden de que se publicara sin añadir nada, por ese motivo encontramos versos incompletos. Virgilio es el creador de un lenguaje poético clásico de extraordinaria perfección formal. Su estilo se caracteriza por la ya comentada variedad de tonos y por la cuidada selección de términos: alterna la utilización de neologismos (términos nuevos) y de arcaísmos que dan solemnidad al texto. Logró además una perfecta adaptación del hexámetro a la lengua latina.
         La influencia de la Envida en toda la literatura posterior es capital. Virgilio, junto con Homero, se convierte en los modelos a imitar por la épica occidental medieval. También la Envida ofrece al arte y música occidental un rico material de episodios y personajes.

Lucano (periodo postcásico)


         Marco Anneo Lucano (35-65 d. C.), sobrino de Séneca, es otro ejemplo de los grandes escritores hispanos. Nacido en Córdoba y educado en Roma, vivió en la corte de Nerón. Primero gozó del favor del emperador, pero terminó siendo enemigo suyo. Murió muy joven, dejando su obra sin acabar.
 La única obra de Lucano que se nos ha conservado es la Farsalia, poema épico-histórico en hexámetros que tiene como tema la guerra civil entre César y Pompeyo, representante del partido republicano. La obra se compone de diez libros, aunque parece ser que Lucano tenía pensado escribir doce. El poema está inconcluso y su redacción se vio interrumpida en el libro X por la muerte de su autor. Tampoco tenemos información sobre con qué acontecimiento histórico debía terminar, aunque la idea más extendida es que pretendía finalizar el poema con la muerte de César. De hecho la obra sólo llega hasta la guerra de Alejandría y todo lo demás pertenece al campo de las conjeturas. Generalmente se piensa que el poema fue compuesto en dos períodos distintos. Los tres primeros libros los escribiría Lucano antes de su enfrentamiento con Nerón, y tratan de los comienzos de la guerra civil de un modo relativamente favorable a César; en los siete libros restantes, publicados después de la muerte de su autor, predomina un intenso republicanismo.
 Problema muy debatido es el género -historia, retórica o poesía-, al que se debe adscribir la Farsalia. Es éste un problema estrechamente vinculado al tema elegido por el poeta para su poema, uno de los aspectos en los que Lucano resulta profundamente innovador. La elección de un tema histórico reciente contradice abiertamente no ya el paradigma de poesía épica fijado por Homero y Virgilio, sino también los principios teóricos enunciados por Aristóteles acerca de la épica; según el filósofo griego en la epopeya era necesario narrar hechos universales, atemporales, que pudieran haber ocurrido, pero no hechos ocurridos realmente. Según esta concepción, el poema de Lucano no sería épica sino historia versificada; ésta es la opinión que expresa Petronio en el Satiricón y que sostienen la mayor parte de los partidarios del clasicismo. Por otra parte el tono declamatorio, sentencioso y retórico de la obra hace decir a Quintiliano sólo unos años más tarde que Lucano "debe ser imitado más por los oradores que por los poetas". Se puede considerar a Lucano un historiador épico y filosófico, que utiliza el tema histórico no como un pretexto sino como un vehículo de sus ideas y de su arte.
Desde el comienzo del poema, Lucano rompe abiertamente con las convenciones que para el género épico estaban fijadas desde Homero. En este sentido es significativo su renuncia a invocar a las Musas, a Apolo o a cualquier otra divinidad helénica. Niega así la necesidad de modelos griegos para un poema que él considera específicamente romano. Rompiendo de esta manera con la épica heroica, se vincula con una cierta épica italiana menos conocida que, a la manera de Nevio, extraía sus temas de la historia reciente de los pueblos de la península. A esta tradición italiana debe Lucano toda una serie de elementos fantásticos y maravillosos como sueños proféticos, escenas de migromancia, augurios y prodigios que pueblan la Farsalia.
En general la obra es anticlásica. Las características especiales de la Farsalia que hacen de ella un poema épico revolucionario son las siguientes:

·        El ya comentado cambio temático. El poema es exclusivamente histórico. Renuncia a, los elementos míticos tradicionales. La idea que domina el poema, muy cercana al pensamiento estoico, es que el propio pueblo romano ha conducido a Roma a su situación de decadencia con la corrupción y las discordias civiles.

·        La ausencia de dioses y de aparato mitológico. Lucano destierra completamente a los dioses de su obra. Estos no tienen ninguna incidencia en el desarrollo de la acción. En el centro del poema está el hombre responsable único de sus actos. El "fatum" (destino) de los estoicos hereda parte de las funciones atribuidas a los dioses en la épica tradicional.


·        Al no poder explicarse los acontecimientos por intervención divina, los hechos se explican de forma racional. Las causas de la guerra civil, por ejemplo, fueron minuciosamente analizadas.

·        Por último, también rompe la tradición virgiliana el hecho de que la Farsalia no tenga un héroe unívoco. Hay tres figuras en la obra con entidad suficiente para ser considerados héroes: César, Pompeyo y Catón; pero Lucano no se inclina con claridad por ninguno de ellos, aunque parece que sus simpatías están del lado de Catón; hay autores que se inclinan por considerar que el héroe del poema es alguna de estas personificaciones abstractas como la Libertad o el Destino.

En su conjunto es una obra más trágica que la Eneida, porque sus personajes, determinados por la Fatalidad, tienen poco campo de actuación; pero, al mismo tiempo, es menos humana, porque en ella hay poca ternura y piedad, cualidades que sí tenían una fuerte presencia en el poema virgiliano.


Lucano es un representante de los gustos anticlásicos de la época neroniana y, tanto en el contenido como en la forma, intenta iniciar un nuevo camino para la épica, alejándose del modelo establecido por Virgilio y que nadie osaba cuestionar. Lucano inicia un camino verdaderamente revolucionario. El primer rasgo que destaca en su obra, como ya hemos comentado, es el uso y abuso del tono retórico, que se manifiesta con diversos procedimientos: amplificaciones, repetición de ideas, aliteraciones, quiasmos, etc. Utiliza con frecuencia descripciones coloristas y discursos artísticamente elaborados, así como sentencias y frases lapidarias que se han convertido en citas célebres. Era excesivamente enfático y colorista, pero poseía cualidades como poeta que se ponen de manifiesto cuando se olvida de la filosofía y logra moderar su tendencia a enfatizar; sus hexámetros se suceden entonces fluidos y armoniosos. 

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