martes, 11 de febrero de 2014

3. LA POESÍA ÉPICA: VIRGILIO Y LUCANO

 3. LA POESÍA ÉPICA: VIRGILIO Y LUCANO
        
         La épica latina ocupa el primer lugar dentro de los orígenes de la literatura latina porque responde al amor por los grandes hechos de la historia nacional en la que se mezclan la leyenda en sus orígenes y el gusto por lo militar, rasgos del carácter romano.
         En la épica latina confluyen tres corrientes: la tradición griega, representada por los poemas homéricos, la historia nacional, como tema del poema, y la poesía alejandrina, que influirá en lo aspectos estilísticos, sobre todo en Virgilio y en la introducción de una épica refinada en la que abundan los temas mitológicos.
         El empleo del hexámetro, procedente de la literatura griega, fue la regla métrica a partir de Ennio. El verso usado antes era el saturnio.
         En sus inicios la poesía épica era de carácter oral y se transmitía en recitaciones públicas. El poeta invitaba a la musa o a la divinidad para recibir su inspiración. Como los poemas no se escribían, la originalidad del autor no estaba garantizada, y en cada recitación, el cantor improvisaba un nuevo poema. Con la escritura la poesía épica se convirtió en una obra de autor, como sucede ya en la poesía latina.
El espíritu épico no fue un rasgo de definitorio de la mentalidad romana debido a su carácter realista y pragmático. Destaca la ausencia aparente de mitología. El temperamento romano transformó esta mitología en historia; los dioses y héroes míticos reaparecen como los personajes históricos de la historia romana más antigua. Los romanos dieron un carácter laico a los viejos mitos y los humanizaron para convertirlos en las primeras páginas de su historia.
Este género tuvo su momento de mayor esplendor durante los primeros tiempos del Imperio, especialmente durante el reinado de Augusto.
La época de Augusto se caracterizó por una etapa de paz que favoreció el desarrollo y esplendor de las artes y la literatura. El emperador se sirvió de las letras para revivir las tradiciones, especialmente la sencillez de las antiguas costumbres, para glorificar la Historia de Roma y para restaurar la religión. La poesía épica desempeñó un papel fundamental en esos propósitos.
         Los principales autores de la épica latina son Virgilio y Lucano.



         Predecesores: periodo preclásico

         Livio Andrónico: esclavo griego. Fue pedagogo de las familias ilustres, enseñaba latín y griego, y fue el primero que dio a conocer la literatura griega a los romanos. Tradujo la Odisea al latín en versos saturnios.

         Cneo Nevio: Romano. Escribió el Bellum Punicum en versos saturnios, deicada a la guerra de Roma contra Cartago. A pesar de la apariencia histórica Nevio dedicará gran atención al héroe romano Eneas y a Dido.
        
         Ennio: puso al servicio de la lengua latina su formación griega y su patriotismo romano. Escribió los Annales, epopeya en 18 libros, de los que nos quedan 600 versos. En ella canta en versos hexámetros la historia de Roma desde sus orígenes hasta su época. Esta obra, hasta la parición de la Eneida, será considerada por los romanos su epopeya nacional. Adoptó el hexámetro. Su lengua y estilo en comparación con Virgilio es rudo, pero cupó un lugar destacado en las escuelas hasta que fue reemplazado por Virgilio.

Virgilio (periodo clásico)


         Publius Vergilius Maro (70-19 a. C.) es uno de los autores de la época clásica, uno de los mejores poetas no sólo de la literatura latina, sino de la universal.  Nació en el norte de Italia y vivió en el seno de una familia de clase media. Tras estudiar unos años en Milán y en Roma, descubre que no siente vocación por la Retórica y se dirige a Nápoles a estudiar filosofía con el epicúreo Sirón. Tras el éxito de su primera obra de envergadura, Bucólicas (años 44-43 a. C.), regresa a Roma y logra entrar en los círculos literarios de Mecenas y de Augusto., con cuyos proyectos se identifica. Apoyado por éste, escribe la Geórgicas y después la Eneida, que le ocupó diez años. Antes de acabarla quiso visitar los escenarios en que transcurría el poema, y así inició un viaje por Grecia y Asia Menor. Cayó enfermo a medio camino y fue trasladado a Italia, donde murió sin haber concluido su poema. Ordenó antes de morir que esta obra fuera quemada, pero sus amigos no le hicieron caso y la publicaron tal como él la dejó, con algunos versos incompletos, bajo el beneplácito del emperador Augusto.

         Virgilio cultivó la poesía pastoril, la poesía didáctica y la épica. Entre las obras que escribió y que no ofrecen duda de autenticidad destacan: Las Bucólicas o Églogas (diez poemas sobre la vida pastoril), Las Geórgicas (es un poema que comprende cuatro libros sobre la agricultura y la vida campestre. Es la obra mejor elaborada de Virgilio en la que se manifiesta como un poeta genial) y la Eneida.
         Por encargo de Augusto, Virgilio escribió la Eneida, considerada la epopeya nacional de Roma. Fue escrita en hexámetros y distribuida en doce libros, con una estructura argumental que sigue los poemas de Homero: en los seis primeros libros se narran las peripecias de Eneas en su viaje de Troya a Italia, a la manera de la Odisea homérica; en los seis últimos, en cambio, se relatan los conflictos que hubo de superar hasta que pudo establecer la paz en la comarca de Alba Longa, tal y como ocurre en el sitio narrado por la Ilíada.

El poema comienza cuando Eneas y sus compañeros llevan ya algunos años vagando en busca de la tierra donde, según el mandato de los dioses, han de fundar una nueva ciudad. Eneas, con los Penates de la destruida Troya, con su padre Anquises y su hijo Ascanio vaga, asistido por su madre Venus, durante mucho tiempo por el mar, cuando una tempestad los arroja a las costas de África. Allí se está levantando Cartago, la futura rival de Roma. Recibido hospitalariamente por la reina Dido, Eneas hace un relato de la destrucción de Troya y de los acontecimientos posteriores. Narra a continuación Virgilio los amores de Eneas y Dido, que se ven obstaculizados por Jupiter, quien recuerda a Eneas la misión encomendada por los "hados"; Eneas parte y Dido se quita la vida. Estos episodios ocupan los primeros cuatro libros y destacan de entre ellos la destrucción de Troya, narrada con tono verdaderamente épico en el libro II, y los amores de Dido y Eneas, que ocupan todo el libro IV de un gran valor dramático y centrado en torno a la figura de Dido, uno de los personajes más logrado del poema. La primera parte del poema termina con el descenso de Eneas al infierno, narrado en el libro VI; allí contempla los espíritus de personas desaparecidas y recibe de su padre Anquises una visión profética sobre sus descendientes. Es éste un libro de una gran belleza formal y dotado, al mismo tiempo, de un importante contenido ideológico y filosófico; en él se exponen las ideas de Virgilio, tomadas del Neoplatonismo, acerca de la vida de ultratumba y de la reencarnación.
Los seis libros siguientes, de mayor contenido narrativo y tono épico, narran la llegada a Italia de Eneas y sus compañeros y sus luchas principalmente con los Rútulos por el dominio de Italia. Destacan en estos libros algunos episodios, como el de Niso y Euríalo (libro IX) de gran valor dramático, el ataque de las amazonas dirigidas por Camila y, muy especialmente, el combate final entre Turno y Eneas que termina con la victoria de este último.
La Eneida presenta elementos propios de la épica tradicional (el uso se símiles y comparaciones, las fórmulas, el empleo de arcaísmos ...) que le confieren el vigor heroico y la solemnidad característicos de un poema épico.
         Además, el tema responde a los rasgos del género: todo sucede por la ira de la diosa Juno que se manifiesta al comienzo de la obra y que no se aplaca hasta el final de ésta. Sin embargo, las novedades que Virgilio otorga al poema son muchas. De esta forma, le transfiere la modernidad suficiente como para que todavía tenga un gran atractivo entre los lectores actuales.
Desde el punto de vista de la evolución del género épico, la Eneida se distancia de todos los poemas anteriores: por primera vez en un poema épico se insertan en la narración recursos y tonos literarios dramáticos y líricos. El estilo de la Eneida es nuevo; Virgilio varía el tono del poema según los momentos y alterna con gran naturalidad la solemnidad épica con el lirismo más puro y con momentos de fuerte dramatismo. Probablemente no alcanza la grandeza de Homero, pero construye una obra de gran humanidad; este es el rasgo más característico de Virgilio: el poeta canta al hombre que sufre para obedecer su destino y no al guerrero que combate. En este carácter lírico de la Eneida, que tan bien se adecua al propio carácter del poeta, se observa la influencia del "epilio" alejandrino. Aunque Virgilio imita a Homero y se inspira en él, su concepción de la poesía es ya muy distinta. Homero es el representante paradigmático de una épica primitiva, pensada para ser recitada generalmente con acompañamiento musical; su intención era exclusivamente cautivar y entretener. Virgilio, por su parte, es un poeta erudito: su obra es producto de un intenso estudio de la fuentes y de los modelos tanto griegos como latinos.
Uno de los aspectos más criticados del poema virgiliano es el tratamiento de los personajes, en concreto el de Eneas. Se acusa a Virgilio de crear un personaje excesivamente frío, atento solamente a la voluntad de los dioses y con poca vida. El rasgo más característico de Eneas es la "pietas" y es más un héroe humano que un héroe guerrero como los homéricos. El segundo personaje en importancia es Dido, cuyos amores con Eneas son el centro del libro IV; este personaje está tomado de la tradición épica latina: Nevio ya la había introducido en su poema. Virgilio nos la presenta como una víctima de los dioses. La figura de Dido desmiente a quienes consideran que Virgilio era demasiado blando como para crear caracteres fuertes; es Dido, quizá, la figura más lograda de la Eneida y está llena de fuerza y pasión humana.
La Eneida es una obra de extraordinaria perfección estilística y métrica, aunque su autor pidió en su testamento que se destruyera por considerarla inacabada. A pesar de los deseos del poeta, Augusto dio orden de que se publicara sin añadir nada, por ese motivo encontramos versos incompletos. Virgilio es el creador de un lenguaje poético clásico de extraordinaria perfección formal. Su estilo se caracteriza por la ya comentada variedad de tonos y por la cuidada selección de términos: alterna la utilización de neologismos (términos nuevos) y de arcaísmos que dan solemnidad al texto. Logró además una perfecta adaptación del hexámetro a la lengua latina.
         La influencia de la Envida en toda la literatura posterior es capital. Virgilio, junto con Homero, se convierte en los modelos a imitar por la épica occidental medieval. También la Envida ofrece al arte y música occidental un rico material de episodios y personajes.

Lucano (periodo postcásico)


         Marco Anneo Lucano (35-65 d. C.), sobrino de Séneca, es otro ejemplo de los grandes escritores hispanos. Nacido en Córdoba y educado en Roma, vivió en la corte de Nerón. Primero gozó del favor del emperador, pero terminó siendo enemigo suyo. Murió muy joven, dejando su obra sin acabar.
 La única obra de Lucano que se nos ha conservado es la Farsalia, poema épico-histórico en hexámetros que tiene como tema la guerra civil entre César y Pompeyo, representante del partido republicano. La obra se compone de diez libros, aunque parece ser que Lucano tenía pensado escribir doce. El poema está inconcluso y su redacción se vio interrumpida en el libro X por la muerte de su autor. Tampoco tenemos información sobre con qué acontecimiento histórico debía terminar, aunque la idea más extendida es que pretendía finalizar el poema con la muerte de César. De hecho la obra sólo llega hasta la guerra de Alejandría y todo lo demás pertenece al campo de las conjeturas. Generalmente se piensa que el poema fue compuesto en dos períodos distintos. Los tres primeros libros los escribiría Lucano antes de su enfrentamiento con Nerón, y tratan de los comienzos de la guerra civil de un modo relativamente favorable a César; en los siete libros restantes, publicados después de la muerte de su autor, predomina un intenso republicanismo.
 Problema muy debatido es el género -historia, retórica o poesía-, al que se debe adscribir la Farsalia. Es éste un problema estrechamente vinculado al tema elegido por el poeta para su poema, uno de los aspectos en los que Lucano resulta profundamente innovador. La elección de un tema histórico reciente contradice abiertamente no ya el paradigma de poesía épica fijado por Homero y Virgilio, sino también los principios teóricos enunciados por Aristóteles acerca de la épica; según el filósofo griego en la epopeya era necesario narrar hechos universales, atemporales, que pudieran haber ocurrido, pero no hechos ocurridos realmente. Según esta concepción, el poema de Lucano no sería épica sino historia versificada; ésta es la opinión que expresa Petronio en el Satiricón y que sostienen la mayor parte de los partidarios del clasicismo. Por otra parte el tono declamatorio, sentencioso y retórico de la obra hace decir a Quintiliano sólo unos años más tarde que Lucano "debe ser imitado más por los oradores que por los poetas". Se puede considerar a Lucano un historiador épico y filosófico, que utiliza el tema histórico no como un pretexto sino como un vehículo de sus ideas y de su arte.
Desde el comienzo del poema, Lucano rompe abiertamente con las convenciones que para el género épico estaban fijadas desde Homero. En este sentido es significativo su renuncia a invocar a las Musas, a Apolo o a cualquier otra divinidad helénica. Niega así la necesidad de modelos griegos para un poema que él considera específicamente romano. Rompiendo de esta manera con la épica heroica, se vincula con una cierta épica italiana menos conocida que, a la manera de Nevio, extraía sus temas de la historia reciente de los pueblos de la península. A esta tradición italiana debe Lucano toda una serie de elementos fantásticos y maravillosos como sueños proféticos, escenas de migromancia, augurios y prodigios que pueblan la Farsalia.
En general la obra es anticlásica. Las características especiales de la Farsalia que hacen de ella un poema épico revolucionario son las siguientes:

·        El ya comentado cambio temático. El poema es exclusivamente histórico. Renuncia a, los elementos míticos tradicionales. La idea que domina el poema, muy cercana al pensamiento estoico, es que el propio pueblo romano ha conducido a Roma a su situación de decadencia con la corrupción y las discordias civiles.

·        La ausencia de dioses y de aparato mitológico. Lucano destierra completamente a los dioses de su obra. Estos no tienen ninguna incidencia en el desarrollo de la acción. En el centro del poema está el hombre responsable único de sus actos. El "fatum" (destino) de los estoicos hereda parte de las funciones atribuidas a los dioses en la épica tradicional.


·        Al no poder explicarse los acontecimientos por intervención divina, los hechos se explican de forma racional. Las causas de la guerra civil, por ejemplo, fueron minuciosamente analizadas.

·        Por último, también rompe la tradición virgiliana el hecho de que la Farsalia no tenga un héroe unívoco. Hay tres figuras en la obra con entidad suficiente para ser considerados héroes: César, Pompeyo y Catón; pero Lucano no se inclina con claridad por ninguno de ellos, aunque parece que sus simpatías están del lado de Catón; hay autores que se inclinan por considerar que el héroe del poema es alguna de estas personificaciones abstractas como la Libertad o el Destino.

En su conjunto es una obra más trágica que la Eneida, porque sus personajes, determinados por la Fatalidad, tienen poco campo de actuación; pero, al mismo tiempo, es menos humana, porque en ella hay poca ternura y piedad, cualidades que sí tenían una fuerte presencia en el poema virgiliano.


Lucano es un representante de los gustos anticlásicos de la época neroniana y, tanto en el contenido como en la forma, intenta iniciar un nuevo camino para la épica, alejándose del modelo establecido por Virgilio y que nadie osaba cuestionar. Lucano inicia un camino verdaderamente revolucionario. El primer rasgo que destaca en su obra, como ya hemos comentado, es el uso y abuso del tono retórico, que se manifiesta con diversos procedimientos: amplificaciones, repetición de ideas, aliteraciones, quiasmos, etc. Utiliza con frecuencia descripciones coloristas y discursos artísticamente elaborados, así como sentencias y frases lapidarias que se han convertido en citas célebres. Era excesivamente enfático y colorista, pero poseía cualidades como poeta que se ponen de manifiesto cuando se olvida de la filosofía y logra moderar su tendencia a enfatizar; sus hexámetros se suceden entonces fluidos y armoniosos. 

2. LA HISTORIOGRAFÍA: CÉSAR, SALUSTIO, TITO LIVIO Y TÁCITO.

2. LA HISTORIOGRAFÍA: CÉSAR, SALUSTIO, TITO LIVIO Y TÁCITO.


Los orígenes de la Historiografía romana están en las Crónicas Consulares y en los Anales de los Pontífices que recogían sucesos y acontecimientos importantes. También podemos rastrear los orígenes en documentos privados como las Laudationes fúnebres o discursos en alabanza del difunto, que solían ser pronunciados en los funerales por un miembro muy allegado de la familia. Y los Tituli imaginum o inscripciones grabadas debajo de los retratos o mascarillas del difunto, celosamente conservados y que contenían su nombre, sus hazañas, sus magistraturas, etc.

Pero pronto los romanos decidirán escribir los hechos históricos como afirmación personal y propaganda política, naciendo así la Historiografía. La lengua empleada por los historiadores fue el griego hasta el siglo III d. De C., cuando Catón escribió sus Origines en latín.

La Historiografía en la Antigüedad es un género literario en prosa que tiene como objeto los sucesos acaecidos a un determinado pueblo. La Historia es, por tanto, materia literaria: las leyendas y sucesos recibían un tratamiento que, pretendiendo reflejar la verdad histórica de los mismos, fuese a un tiempo una obra de arte. La Historiografía romana nace en el último tercio del siglo III .a.C. De hecho, la primera obra histórica completa latina, por así decirlo, se remonta a los Orígenes de Catón, donde la historia de Roma se ve reflejada a través de un prosa cortada y simple a la que daba marco el lenguaje jurídico, religioso y legal existente en el época. De hecho fue el último género literario cultivado a un digno nivel cuando ya la oratoria, la filosofía, la comedia, la tragedia..., incluso la poesía, habían alcanzado su apogeo. Así con todo, la influencia del mundo griego en el nacimiento del género en Roma es de importancia capital para entender la evolución del mismo, hasta el momento en que el espíritu romano adquiere conciencia de su idiosincrasia y se desgaja tanto en la lengua, como en la temática, estilo y pretensiones de su genial maestro.

Los historiadores romanos que vamos a estudiar son: César, Salustio, Tito Livio y Tácito. Pero antes debemos mencionar los primeros pasos de la historiografía latina.


Los Analistas: se llaman así a los historiadores que narran los hechos año por año. Catón, como hemos dicho antes, es el primer analista que adóptale latín como medio de expresión. Lo analistas anteriores escribieron en griego. Catón en sus Origines concibió la narración histórica desde el punto de vista del orden lógico de los sucesos y con la temática de Italia como eje central de la misma. Trata de las antigüedades itálicas y romanas, de los orígenes de Roma y de las principales guerras que condujeron a la plenitud de los orígenes de Roma.

César


         Cayo Julio César (100-44 a. C.) pertenece a la época Clásica de la literatura latina. Nació en el seno de la familia Iulia, considerada descendiente del héroe troyano Iulus. Inició su carrera política desde muy joven y la desarrolló desempeñando diversas magistraturas: fue elegido cónsul en el año 59 a. C; en 58 a. C. fue propretor de la Galia Cisalpina y transalpina. Participó en el primer triunvirato de la República romana, junto con Craso y Pompeyo, y acabó enfrentándose a éste en una guerra civil. Vencido Pompeyo, César se autoproclamó dictador en el año 45 a. C. y hasta su muerte fue acaparando todo el poder, haciéndose con los cargos de tribuno, sumo sacerdote y dictador vitalicio. Destacó también como orador. En el año 44 a. C. murió asesinado en el mismo día que iba a ser proclamado emperador por una conjuración republicana dirigida por Casio y Bruto, su hijo adoptivo, en los Idus de Marzo del 44 a. C. Sus reformas políticas fueron numerosas: aumentó el número de senadores, creó nuevas colonias, modificó el sistema del calendario, dando lugar al llamado calendario juliano, que con ligeras variaciones, es el que seguimos utilizando hoy en día; y promovió las obras públicas en Roma.

         César no puede ser considerado un historiador en el estricto sentido del término, puesto que su obra no se haya estructurada con la voluntad de divulgar la verdad de los hechos en que se vio involucrado, sino que pretende justificar sus actos y defenderse ante las críticas y acusaciones recibidas de sus coetáneos.

Como hemos señalado anteriormente, Cesar combinó la política con la literatura, destacando como extraordinario orador y escribiendo obras sobre distintos temas. De todas ellas nos centraremos en las dos que nos han llegado completas de género literario, y que en cierta forma enmarcan su evolución personal y pretensiones políticas de manera definitiva. Se trata de las tituladas genéricamente Commentarii Rerum Gestarum, acerca de dos de las más grandes acciones bélicas que llevó a cabo: la guerra de las Galias (58-52) (De Bello Gallico) y la guerra civil (49-48) (De Bello Civili); tipo que como hemos comentado en el apartado anterior, era propiciado por la situación política del momento: de hecho, tanto la justificación de la actuación política y militar personal, como las opiniones de los políticos de vanguardia expresadas a través de intensos debates en todos los géneros, son una nota habitual en las grandes crisis. En esta línea los Commentarii de César no se pueden juzgar con los criterios de objetividad absoluta de la moderna investigación histórica ni con los criterios artísticos de la historiografía. Y por otra parte, como todos los informes romanos de campañas militares, los de César perseguían también objetivos políticos: no se trataban sólo de un material de archivo, sino más bien de un eficaz instrumento para influir sobre la opinión pública. De Bello Gallico ("Sobre la guerra de las Galias") es una obra que consta de ocho libros, cada uno de los cuales se corresponde con un año de la campaña de conquista que él llevó personalmente a cabo entre el año 58 y el 51 a.C. De estos libros sólo el VIII no es obra de César, sino de su lugarteniente, Aulo Hircio. Respecto a los contenidos, en una primera visión superficial, podemos decir que tras una descripción geográfica de la Galia el autor va siguiendo sus conquistas y enfrentamientos con los diversos pueblos galos:
·        Campañas contra los Belgas
·        Campañas contra los Germanos
·        Expediciones a Britania
·        Levantamiento general de la Galia dirigido por Vercingetórige y
·        Triunfo final de César con la toma de Alesia

No se tiene certeza sobre si fueron escritos año tras año o todos los libros juntos una vez terminada la guerra; en cualquier caso parecer ser que fueron editados como obra unitaria en los años 51-50 al solicitar su autor de nuevo el consulado. De Bello Civili ("Sobre la guerra civil") consta de tres libros en los que se narra el enfrentamiento del propio César con Pompeyo para hacerse con el poder en Roma. Comienza con la exposición de las causas de la guerra y sigue con los sucesos principales de la misma:
·        paso del Rubicón por César.
·        huida de Pompeyo hacia Oriente
·        toma de Marsella
·        derrota en Hispania de los lugartenientes de Pompeyo
·        enfrentamiento y derrota definitiva de Pompeyo en Farsalia y, por último,
·        huida de éste a Egipto y su posterior asesinato.
Los libros de De Bello Civili debió escribirlos entre el 49-48 y el 44, pero tampoco en este caso se aducen pruebas convincentes sobre la fecha exacta de su publicación.
 En cuanto a su estilo y valor literario, éste es indiscutible y aquél posee una serie de rasgos que merecen la pena destacarse: Si hemos de hacer caso a Cicerón, sus formas de expresión era nudi et venusti, es decir "simples y elegantes"; y efectivamente, la pureza de la lengua empleada tanto en el léxico como en la construcción sintáctica así parecen confirmarlo: la selección del primero alrededor de un vocabulario básico restringido a unos 1.200 términos lo hacen de una claridad meridiana en su interpretación, así como en el uso de la sintaxis y expresiones habituales, siempre dentro de la normas lingüísticas más rigurosas. Algunos de sus rasgos más característicos es el uso del estilo indirecto en los discursos, dejando el estilo directo casi exclusivamente para expresar emociones. Llama también la atención el hecho de que siempre se refiera a sí mismo en tercera persona, con lo que el relato gana claridad y distanciamiento, provocando en los lectores una impresión de objetividad.

Evidentemente la obra de Cesar requiere una segunda lectura, que interprete y justifique la mera narración de los hechos reseñados en el apartado anterior. El hecho de que estas dos obras históricas se refieran a acciones de las que él mismo es el principal protagonista pone en evidencia su carácter político y propagandístico: trata de justificar su política militar dando una visión favorable de la misma, puesto que la legalidad de sus actuaciones era puesta en duda.
En suma, tanto un suceso como el otro responden realmente a unos cálculos cuidadosamente elaborados por César que le conducirían a la conquista del poder, estableciendo sin fisuras la base de su autoridad:
·        la guerra de las Galias, con la rápida difusión de sus éxitos le proporcionó prestigio militar;
·        con la guerra civil logró desembarazarse de Pompeyo, anulando al mismo tiempo el poder del Senado.
Parece, pues, que los Commentarii son una obra maestra de propaganda política, donde las verdades no están abiertamente falseadas, pero sí disimuladas o desvirtuadas siempre en beneficio de su autor.

Salustio

         Cayo Salustio Crispo (87-35 a. C.) fue contemporáneo de César del que fue amigo. Nació en el seno de una familia plebeya afincada en Amitermo (Sabinia). Fue amigo de César y desarrolló una rápida carrera como magistrado, llegando a ser procónsul de Numidia (provincia africana). Vivió la crisis de final de la República y en su vejez se convirtió en cronista de los hechos vividos.

         La obra de Salustio no es muy copiosa. En los casi siete años que pudo dedicar a ella compuso dos monografías y una extensa obra de historia de la época, de autenticidad indiscutida:

·        De Coniuratione Catilinae: en ella trata la Conjuración de Catilina que tuvo lugar el 63 a.C., durante el consulado de Cicerón. Realiza un relato extenso de las causas lejanas de la conjuración, así como de la ambiciones de Catilina, noble degenerado y sin escrúpulos.

·        Bellum Ingurthinum: en ésta trata la guerra de Jugurta rey de los númidas, entre los años 111 y 105 a.C., con el pueblo romano, contra cuya voluntad se había proclamado rey y el "gigantesco escándalo colonial" que desveló a raíz de ésta.


·        Historiae: era su obra más ambiciosa y madura, que abarcaba en cinco libros los doce años transcurridos desde la muerte de Sila en el 78 hasta el 67 a.C. De esta obra sólo nos quedan algunos fragmentos, cuatro discursos y dos cartas.


Salustio es el creador de la Historia como género literario. Ésta es ante todo un arte para él: una narración histórica, más que Historia propiamente dicha, en función de unos objetivos morales concretos. No era ningún investigador de temas de historia militar, lo que le fascinaba era ante todo el ser humano, los sucesos del acontecer histórico y la atmósfera de la época. Siente directa y conscientemente la influencia de Tucídides.

No es la precisión histórica lo que le interesa, sino la narración de unos hechos con sus causas y consecuencias, así como la posibilidad de esclarecer el desarrollo del proceso de la degeneración en que la República se vio inmersa. Así pues, no es sólo el individuo el objeto de su observación meticulosa; también es notable la pintura que realiza de las clases sociales y de los partidos políticos: la confrontación con un pasado idealizado, regido por la virtus, hizo que atribuyera el proceso de decadencia a la excesiva ambitio, avaritia y luxuria, que proliferaban por doquier, así como a la discordia y al irreflexivo abuso del poder por parte de las distintas factiones (partidos políticos), de quienes se convirtió en un crítico feroz. Para Salustio no es la "Tyche" la que hace imprevisible el devenir, sino el hombre genial que actúa con sentido de la responsabilidad. Considera su misión perpetuar el recuerdo de la extremas realizaciones humanas, en el bien y en el mal, para excitar admiración o aborrecimiento y ofrecer criterios para la conducta futura. En suma, podríamos decir que los dos aspectos fundamentales de la concepción histórica de Salustio, se resumen en estas dos notas, que matizaremos jalonadas de comentarios concretos sobre las dos monografías:

·        Concepción moralizante de la historia: En los prefacios de sus monografías reflexiona sobre la brevedad de la vida, la superioridad del espíritu sobre el cuerpo y, por lo tanto, la supremacía de las acciones de aquél sobre las de éste, la corrupción de las costumbres y el desprecio de los bienes materiales.

·        Sentido dramático de la Historia: Esta característica domina en profundidad toda su obra, lo que lleva a la elección de personajes y situaciones conflictivas.

Su arte de narrador histórico le ha conquistado la admiración general tanto en la Antigüedad como, incluso, actualmente, a través de aspectos muy concretos como:

·        la estructura armónica de las monografías,
·        el interés oportunamente despertado y mantenido hasta el final,
·        las caracterizaciones convincentes a pesar de la simplicidad psicológica y
·        el lenguaje impregnado de rudeza arcaica.

Salustio fue un brillante estilista: su estilo es producto de un deliberado esfuerzo por reaccionar contra la moda imperante impuesta por Cicerón. La brevitas es el ideal (paucis absolvam, Cat. 4,3), lo cual entraña el peligro de la obscuritas... Destaca en su prosa la sobriedad, suprimiendo toda palabra innecesaria, así como el uso de la asimetría o variatio, uso del infinitivo y del presente históricos, empleo abundante de frases participiales al estilo griego, así como el matiz causal para el ablativo absoluto.
Pero lo que más caracteriza a Salustio, lo que más le preocupaba fundamentalmente a la hora de escribir, y ello se reflejó en el lenguaje, es su interés por manifestar las causas últimas.
      

Tito Livio


         Tito Livio (59 a. C.-17 d. C.) pertenece a la época clásica como los anteriores. Nació y murió en la ciudad de Padua. Era de familia acomodada y burguesa, amante de las tradiciones y de la paz. Marchó a Roma hacia el año 30 a. C., pero no para emprender una carrera política, como Salustio, sino para dedicarse por entero a escribir la inmensa historia de Roma que había concebido. Rehuyó los cargos políticos en aras de la irrefrenable y única vocación de escritor, a la que entregó cincuenta años de su vida. Ya anciano, regresó para morir en su patria chica.
        
Escribió una obra muy extensa, compuesta por 142 libros: Libri ab urbe condita (Libros desde la fundación de la ciudad), estaban agrupados en décadas o grupos de diez. De la totalidad de su obra, sólo se conservan 35 libros: la primera década, en la que se explica la historia de Roma desde sus orígenes hasta la primera guerra con los samnitas (año 239 a. C.); la tercera década, en la que relata la segunda guerra púnica; y la cuarta década y parte de la quinta, donde se recrean los sucesos posteriores a la segunda guerra púnica (hasta el año 167 a. C.).

         Con sus obras Tito Livio pretende glorificar el pasado de Roma, exaltar el sentimiento patriótico de los romanos y colaborar en la renovación nacional que desea llevar a cabo Augusto. Para Tito Livio la historia es un repertorio de ejemplos, unos buenos, que hemos de imitar, y otros malos, que debemos desechar. Por ello sus obras son una lección moral.
          
Fuera de toda duda está la altísima categoría de Tito Livio como escritor. Se sitúa en una época de transición: la prosa había alcanzado su apogeo en la generación anterior con César y Cicerón y comenzaba ahora a decaer, mientras que la poesía alcanzaba su máximo esplendor. La poesía domina de tal forma este período que incluso va a impregnar a la prosa de sus características: Tito Livio escribe una prosa imbuida de connotaciones poéticas. La herencia de Cicerón se deja sentir en los períodos largos, amplios y cadenciosos, en una prosa elocuente, clara, ordenada y completa y, por último, en el abuso de los discursos.
En realidad Livio asimiló y moldeó desde la época augústea un concepto global de la historia de Roma que respondía perfectamente a las expectativas de su tiempo; se comprende que su éxito fuera inmediato: varias generaciones de ciudadanos aprendieron por medio de la tradición transmitida por Livio a conocer a su patria. Creó al romano-tipo representativo de las gentes de Roma y con él una imagen digna y respetable ante los pueblos conquistados.

Tácito


         Publio Cornelio Tácito (55-120 d. C.) pertenece a la época postclásica. Su carrera de funcionario imperial le permitió ser testigo de excepción del fin de la dinastía Claudia, del período de transición y de la llegada al poder de la dinastía de los Antoninos. Tras la carrera política, se retiró a escribir sobre los acontecimientos vividos.

El género histórico, que tuvo ilustres representantes en la época de la República (César, Salustio, Tito Livio), conoce un renacimiento en los últimos años del siglo I y en los primeros de II d. C. con la figura de Publio Cornelio Tácito (55-120 d. C.), el gran historiador del Imperio bajo los Flavios. Tenemos muy poca información biográfica, pese a ser uno de los más grandes escritores latinos e, incluso, las fechas de nacimiento y muerte son aproximadas. Procedía sin duda de familia distinguida, posiblemente de la Galia Narbonense, y estudió Retórica y Filosofía con buenos maestros. Estuvo vinculado por matrimonio con la clase dirigente, ya que su esposa era hija de Julio Agrícola, alto dignatario imperial, conquistador y gobernador de Britania. En Tácito tomó la palabra una vez más un miembro de la clase senatorial dirigente buen conocedor de la Retórica, un hombre que había recorrido con éxito el cursus honorum, coronándolo con el desempeño de los cargos de pretor (año 88) y de cónsul (año 97). Su experiencia del tiránico reinado de Domiciano (81-96) le indujo a escribir sobre la difícil y penosa supervivencia en la vida pública bajo el mandato de semejante emperador en la introducción de una de sus primeras obras (Vida de Agrícola) y esta visión fatalista y amarga marcaría de manera determinante el resto de su obra. A pesar de ello se hizo famoso en vida y gozó de la amistad de insignes colegas como Plinio el Joven. De modo parecido a su predecesor y modelo Salustio, también organizó su vida y su obra en dos fases principales. Hasta los 40 años su vida fue la normal de un orador y abogado, pero después siguió el período de actividad pública, el período de trabajo literario; en su obra, a las tres monografías preparatorias siguieron los dos grandes relatos históricos.

1º) De vita Iulii Agricolae (Agrícola): publicada en el 98, se trata de una biografía apolegética de su suegro, en la que no sólo relata una descripción de la ocupación romana de Britania (de la que poseía información privilegiada), sino que también pasó revista a las condiciones necesarias para la libertad individual y el trabajo historiográfico, así como al problema de la conducta a seguir por la clase dirigente bajo un gobierno tiránico.

2º) Germania: ensayo sobre la vida y costumbres de los germanos. En esta obra considera a los germanos un pueblo primitivo que, sin embargo, conserva una serie de valores morales, perdidos por Roma. La integridad moral de este pueblo, explica según Tácito, su fortaleza y resistencia. Roma debe aprender de ellos para recuperar esa moralidad perdida. La obra ha despertado siempre el interés de los etnógrafos y arqueólogos por la buena documentación de que se sirve Tácito.

3º) Historiae (Historias): es una de las dos grandes obras de Tácito. Constaba de catorce libros y abarcaba desde la muerte de Nerón hasta la de Domiciano. Conservamos los cuatro primeros libros y fragmentos del quinto, que contiene los sucesos del año 69, el de los tres emperadores: Galba, Otón y Vitelio, con el triunfo final de Vespasiano y los comienzos de su reinado; Falta dicho reinado por completo y los de Tito y Domiciano.

4º) Annales (Anales): escrita después de Historias, se refiere al periodo anterior al que contienen éstas, es decir, a los reinados de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón. Constaba de dieciséis libros, de los que conservamos los libros I-IV (Tiberio, con una laguna para los años 29-31) y XI-XVI, el último incompleto, con los reinados de Claudio (sin su comienzo) y Nerón (sin su final).

5º) Dialogus de oratoribus (Diálogo de los oradores): ensayo de crítica literaria en el que hace un relato de la época de Augusto.

         Uno de los rasgos más importante de la obra  de Tácito es su carga ideológica. Lo caracterizan su pesimismo radical y su desconfianza e interpretaciones poco benévolas de las actitudes humanas: las clases dirigentes corren a someterse, tras la muerte de Augusto, a su nuevo amo; la plebe, a quien trae sin cuidado las preocupaciones políticas (plebs sordida et circo ac theatris sueta); los eslavos y libertos nunca dejan de tener un espíritu servil; desconfía de los extranjeros orientales (judíos y cristianos), pero admira a los Germanos por su integridad de costumbres...
         No cree en el providencialismo. Es epicúreo en cuanto a la intervención de la divinidad en la historia.
         Su estilo se caracteriza por una excesiva concisión (brevitas) que exige, por parte del lector, que tenga que hacer un esfuerzo continuo por comprender a Tácito. Este uso y abuso de la brevitas se refleja en distintos procedimientos lingüísticos como: las elipsis continuas, el uso de los verbos simples por compuestos, la frase corta y escueta...
A esta brevitas  se une una variatio constante con la que intenta llamar la atención del lector continuamente. Es un estilo desequilibrado en las formas y expresión, muy lejos de la simetría más clásica. Las construcciones inesperadas dan a la brevitas más atractivo.
         Desde el punto de vista literario convierte a la personalidad individual en la protagonista de la historia al analizar continuamente las motivaciones psicológicas y las actitudes y conductas humanas. Este psicologismo lo ha entendido muy bien el lector moderno. Así, analiza continuamente las intenciones y ocultas inclinaciones de los protagonistas de la Historia. Es famoso por sus retratos literarios que hallamos esparcidos a largo de todas sus obras históricas, que sirven de prólogo a la peripecia histórica de sus personajes. En esos retratos las cualidades físicas, intelectuales y morales explican las futuras conductas.
         Tiene una visión trágica de la Historia. La concibe como una sucesión de episodios trágicos. Por otro lado cuando narra un determinado acontecimiento, a veces, anticipa el final de la obra ligándolo a él, como su causa.
         Toma de Salustio la maestría a la hora de retratar a los personajes, la presentación psicologista y moralista de la Historia.

         En la Edad Media permaneció silenciado. En el Renacimiento se recupera su obra y aparece Tácito en la primera línea de la actualidad intelectual europea. En la segunda mitad del siglo XVIII los precursores de la Revolución francesa ven en él un crítico de la tiranía y un símbolo de las más radicales libertades republicanas. Montesquieu y Rousseau lo leían con entusiasmo, mientras que Napoleón no ocultaba su antipatía hacia él.

         Se puede considerar un autor moderno y una fuente privilegiada para comprender la era imperial.

1.   EL TEATRO: PLAUTO, TERENCIO Y SÉNECA


Junto con la épica, el teatro es el género literario más antiguo de la literatura romana. Surgió de la adaptación de los esquemas dramáticos griegos. Los romanos pudieron observar teatros de colonias griegas en Italia (Magna Grecia) y, atraídos por su belleza, copiaron los esquemas de la tragedia y la comedia, manteniéndolos con rigor. Pero además de estos grandes subgéneros teatrales existían en Roma otras manifestaciones dramáticas populares anteriores al proceso de helenización:

-         Atelanas: son representaciones basadas en la improvisación. Los actores, a partir de una trama, iban dialogando sobre temas jocosos y burlescos. Los personajes solían ser fijos y se identificaban con unas características determinadas.

-         Durante los juegos fesceninos tenían lugar representaciones de diálogos llenos de ironía. Los actores se cubrían en rostro con máscaras.


-         El mimo: actores y actrices (pues aquí sí podían intervenir) representaban chanzas, situaciones cómicas cargadas de erotismo.

-         La pantomima: pieza dramática, basada en la danza y en la mímica, que era representada por un solo actor que encarnaba los diferentes personajes de la obra.

Las obras dramáticas latinas se clasifican, primera y fundamentalmente en tragedia y comedia. La tragedia suele presentar como protagonistas a dioses y héroes y, de acuerdo con ello, su tono es solemne y su lenguaje elevado. La comedia, en cambio, se ocupa del hombre de la calle, y su lenguaje, en consecuencia, es desenfadado y a menudo grosero.

Existían dos tipos de comedias la palliata (de tema típicamente griego y en la que los personajes vestían el pallium) y la togata (de asunto romano y en la que los personajes vestían la toga, prenda típica romana).

Existían dos tipos de tragedias: la fabula cothurnata y la fabula praetexta. La cothurnata era de tema griego y en ella se calzaban los coturnos (zapatos griegos). La praetexta utilizaba la toga praetexta, prenda típicamente romana.

Nosotros vamos a estudiar a los autores más representativos de la comedia en la literatura romana (Plauto y Terencio) y al más representativo de la tragedia (Séneca).

         Comedia: Plauto y Terencio

        La comedia remonta sus orígenes a la vecina Etruria. Tienen origen etrusco las danzas de carácter mimético ejecutadas por danzarines que al tiempo ejecutaban la flauta. Parece ser que este ritual se ejecutó por primera vez con ocasión de una peste para aplacar a la divinidad y propiciar sus favores.

         La comedia alcanzó un desarrollo notable y sus temas continúan los motivos de la llamada Comedia Nueva (Néa). Se articulaba en cinco actos. Comenzaba con un prólogo en el que se enmarcaba el argumento de la representación y se incitaba a los espectadores a centrarse en el espectáculo. La parte central consistía en diversas escenas de diálogo escritas en verso yámbico, y por otra parte estaban las partes líricas o cantadas con acompañamiento musical y con danza. Los espectadores pertenecían a las todas las clases sociales, predominando los de clases inferiores e incuso esclavos. De hecho su comportamiento distaba mucho de ser respetuoso, incluso con los actores. Éstos hablaban, gritaban discutían e incluso se peleaban en el transcurso de la representación.

         La comedia utilizaba prototipos cómicos. Los más frecuentes eran: el viejo (senex) cn su bastón, clava y barba blanca; el joven (adulescens) hijo de buena familia y amante de la buena vida; el parásito (parasitus) que se cuela en cualquier sitio sin ser invitado. El soldado (miles) ridiculizado por su fanfarronería, rival del joven en sus aventuras amorosas de las que sale mal parado; el esclavo (servus) personaje simpático, inteligente e intrigante, cómplice del joven. Ellos papeles femeninos destacan la mujer casada (matrona) uraña y controladora de la casa y del marido; la cortesana (lenona) a veces este papel lo desempeña un hombre (leno) que regenta una casa de prostitución; y la prostituta (meretrix) de la que al final se demuestra que no lo es y, en caso de estar enamorada del joven, puede casarse con él.
Los espectadores reconocían a los distintos personajes con sólo ver el atuendo y el aspecto general.

 

PLAUTO


        Tito Macio Plauto ( 254-184 a. C.) pertenece a la época arcaica o preclásica. Es considerado el autor cómico más genuino de la literatura romana. Se inició en la dramaturgia como empresario teatral, hasta que acabó arruinándose. Luego, se dedicó a escribir comedias que él mismo representaba, consiguiendo grandes éxitos. De las cien comedias que se sabe llegó a escribir, sólo conservamos veinte.

         Todas las comedias de Plauto pertenecen al género de la palliata, es decir, son adaptaciones de obras griegas, con personajes, lugar de acción y contenidos griegos. Los autores griegos imitados son los de la Comedia Nueva, sobre todo Menandro, Dífilo y Filemón. La actitud de Plauto frente a los modelos griegos no era la de un simple traductor, sino la de imitación creadora.

         La producción de Plauto se caracteriza por la poca complejidad, pues los argumentos de sus obras se reducen a esquemas muy similares. En cambio, sí se aprecia una gran inspiración y un magnífico sentido del humor y del espectáculo.

En este sentido Plauto es una personalidad excepcional en la literatura latina; sus obras están llenas de la gran alegría de vivir y del espíritu burlón de su autor. De la enorme popularidad de Plauto da fe el hecho de que ya en el momento de su muerte circularan como suyas unas ciento treinta comedias. Varrón, en su estudio sistemático de la obra plautina, estableció como auténticas sin ningún género de dudas veintiuna comedias de esas ciento treinta atribuidas. Todas sus obras son palliatae, basadas en originales griegos de la "Comedia Nueva"; su relación según el orden en que aparecen en los manuscritos es la siguiente: Amphitruo, Asinaria, Aulularia, Captivi, Curculio, Casina, Cistellaria, Epidicus, Bacchides, Mostellaria, Menaechmi, Miles Gloriosus, Mercator, Pseudolus, Poenulus, Persa, Rudens, Stichus, Trinummus, Truculentus y Vidularia, ésta última está en estado fragmentario. En estas comedias se repiten con escasas variaciones tipos y situaciones, de forma que resulta difícil, por no decir imposible, establecer un criterio de clasificación; el único título que conviene a todas es el genérico de "comedia de enredo" con múltiples complicaciones y situaciones cómicas. Sin embargo, con algunas reservas y para facilitar su aprendizaje, se pueden agrupar las comedias plautinas bajo los siguientes epígrafes:

·        Comedias basadas en el equívoco o cambio de personas: Bacchides, Amphitruo, Menaechmi.

·        Comedias basadas en el "reconocimiento", es decir en el descubrimiento del verdadero origen y condición de determinadas personas y que da lugar a un súbito cambio de fortuna: Cistellaria, Curculio, Epidicus, Poenulus.

·        Farsas cómicas. Asinaria, Persa, Casina.

·        Comedias de caracteres: Pseudolus, Truculentus.

·        Comedias en las que confluyen motivos y situaciones: Aulularia, Captivi, Trinummus, Miles Gloriosus.

Plauto no oculta en ningún momento que sus obras están basadas en otras griegas; utiliza para referirse a su trabajo el término "vertere" (traducir) y, en ocasiones, cita el autor y la obra que utiliza como modelo. Sin embargo, como hizo Nevio con anterioridad, maneja los modelos griegos con una absoluta libertad; no sólo mezcla fragmentos de distintas obras y de distintos autores griegos (la ya comentada contaminatio, de la que Plauto hace un amplio uso), sino que además modifica el original cortando o añadiendo, insertando recursos cómicos típicamente itálicos, recreando situaciones con mayor fuerza cómica y, en definitiva, dando lugar a una comedia totalmente diferente, profundamente romana. La finalidad última del teatro plautino es divertir: pretende conseguir un efecto cómico en cada escena, aunque para ello tenga que sacrificar la lógica interna de la acción.

         Sus personajes son planos y constituyen una sucesión de tipos que forman parte de la sociedad romana: el viejo avaro, el esclavo astuto, el vividor, etc.

         Recogió las inquietudes de su tiempo. Ocupan un papel muy importante en su obra los esclavos. En este momento histórico llegan los primeros esclavos a Roma tras la segunda guerra púnica. En sus obras se ríen y manejan a los señores. Aparecen reflejados los valores morales de este momento histórico: el respeto a las costumbres, la desconfianza ante las pasiones amorosas, el sentido del deber cívico y la crítica al modo de vida de los griegos.

         Utiliza los distintos registros del lenguaje de manera magistral. Es inimitable a la hora de reproducir la jerga de los esclavos y a la hora de aproximar lo más posible el lenguaje a la vida de la calle.

         Plauto gozó siempre de una gran acogida entre el público y sus comedias se siguieron representando con gran éxito mientras existió una tradición teatral viva en Roma. Durante el clasicismo de los últimos años de la República y de la época de Augusto la popularidad de Plauto sufre un cierto retroceso por influencia de los grandes poetas del momento, en particular Horacio, a quienes disgustaba en general la literatura de la época arcaica. A partir del Renacimiento Plauto vuelve a ser leído y representado, ejerciendo sus obras gran influencia en el teatro inglés del siglo XVI. Como muestra de esta influencia de las comedias plautinas en el teatro europeo de los siglos XVI y XVII baste decir que La comedia de los errores de Shakespeare utiliza el argumento de Menaechmi y que El avaro de Moliére recuerda al Euclión de la Aulularia. También se deja sentir la influencia de Plauto en nuestro teatro del siglo de Oro, en autores como Tirso de Molina, Lope de Vega o Calderón de la Barca. Las representaciones, versiones, y adaptaciones de la obra plautina siguen despertando el interés del espectador contemporáneo.

Terencio


         Publio Terencio Áfer (185-160 a. C.), también pertenece a la época arcaica. Terencio fue un esclavo de origen africano, tomó nombre del senador Terencio Lucano, que le dio la libertad. Perteneció al círculo literario de Escipión Emiliano, que era un centro de irradación de la cultura griega en Roma. Murió joven y no tenemos noticias de que escribiera más de las seis comedias que conservamos.

         Sus obras conservadas son: Andria (Andriana), Hecyra (La suegra), Heautontimoroumenos (El atormendador de sí mismo), Eunuchus (El eunuco), Phormio (El parásito Formión), Adelphoe (Los hermanos).

         Es muy hábil trazando un retrato minucioso de sus personajes, más refinados que los de Plauto, y utilizando un lenguaje menos coloquial y más elaborado. El estilo es elegante, menos vulgar que el de Plauto y más conciso. Además sus obras siempre tienen una intención moral. Rompe deliberadamente con las maneras plautinas, está más helenizado que Plauto. Los modelos de Terencio son los mismos que los de Plauto, pero en éste lo esencial no es provocar la carcajada sino transmitir un mensaje moral determinado. Terencio con sus grandes valores dramáticos, su humanismo,  y su mensaje moral no logró conectar con el público de su tiempo, que le dio la espalda. Será luego, en la Edad Media, cuando se reconocerán sus méritos y gozará de una fama extraordinaria.

Como se puede observar, a diferencia de Plauto, el éxito de público no fue para Terencio algo inmediato, si bien cuando se produjo, en concreto con el Eunuchus, éste fue rotundo. Pero no sólo tuvo que enfrentarse el poeta con la indiferencia y frialdad del público en sus primeras obras, sino que durante toda su corta carrera dramática tuvo que hacer frente a la crítica de otros poetas dramáticos y literatos. A defenderse de estos ataques consagró el poeta los prólogos de sus comedias, y en ello es totalmente original. La nota dominante de sus comedias no es la burla, sino más bien la piedad, la ternura y la melancolía. Sus personajes son amables y no guardan relación alguna con los estereotipos caricaturescos pintados por Plauto. En las comedias de Terencio los esclavos son serviciales, los hijos respetuosos, los padres afectuosos y preocupados, las matronas respetables, etc. En conjunto traza unos cuadros de menor efecto cómico, pero de gran valor humano. Terencio pretende escribir obras de teatro de un elevado nivel artístico. Su lengua es de gran pureza y elegancia. Desde la época imperial se le proponía como modelo de "sermo urbanus". En resumen, Terencio por sus conocimientos literarios, por sus gustos elevados, por su estilo elegante alejado de toda vulgaridad, es un representante cualificado de lo que en su época se llamó "humanitas", cualidad que el propio poeta resumió admirablemente en este conocidísimo verso: Homo sum: humanum nil alieni puto (Heautontimoroumenos v.25).

La influencia de Terencio se deja sentir sobre todo en el teatro medieval por coincidir con nuestro autor con los planteamientos de un teatro moralizante.

Comedia Togata

De este tipo de comedia no se conserva nada. Su acción es más sencilla que la de la palliata, era también más obscena, divertida y satírica. Se representaba a la gente llana, no personificada. Entre los autores destacan Titinio, Afranio y Atta.

Tragedia: Séneca


         La tragedia latina es de influencia griega. El teatro improvisado es sustituido por Livio Andrónico por un teatro basado en textos de autores griegos, reelaborados por el procedimiento de la contaminatio.

         La tragedia latina se apoya en Eurípides y Esquilo, pero la tragedia latina tiene más partes líricas. Los escasos ejemplos de tragedias latinas conservados fueron concebidos más para la lectura que para la representación. La razón de ser por la que la tragedia no se asentó en Roma hay que buscarla en dos hechos: nunca se integró en los festivales religiosos de la ciudad y el auditorio no sintonizaba con los puntos de vista que el poeta tenía sobre la realidad política y social de la ciudad.

         Se toma del repertorio griego las obras que responden sobre todo al pensamiento nacional romano, de tipo político, como el ciclo troyano. Por eso se vincula a la épica.

         Los autores más importantes de tragedias en período arcaico y son:

         Livio Andrónico: esclavo griego. Enseñaba latín y griego y fue el primero que dio a conoces la literatura griega a los romanos. Tradujo la Odisea al latín. Es el primer literato romano. Conservamos sólo el título de 8 tragedias que pertenecen al ciclo troyano.

         Cneo Nevio: es un soldado y demócrata violento en sus ataques contra los patricios. Escribe tragedias de asunto griego. Escribe fabulae praetextae de tema nacional romano: Romulus y Clastidium. Se basan en la leyenda romana y en acontecimientos recientes, pero sin nombrar a los personajes de la época.

         Pacuvio: el mejor de los portas trágicos según Cicerón. Escribió 12 fabulas coturnatas y una praetexta.

         Accio: representante de la aristocracia. Escribió 45 fábulas coturnatas y dos praetextas de las que conservamos 700 versos.

Séneca

        
         Lucio Anneo Séneca, nació el 4 d C. Tras una carrera pública de funcionario, llegó a ser el preceptor del emperador Nerón en el 49 d.C. Por tanto situamos a Séneca en período imperial.

         Sus obras en prosa están dedicadas a la filosofía moral práctica. Las cartas dedicadas a su amigo Lucilio nos lo presentan como maestro y preceptor moral. Su moralidad está orientada al individuo, y da muestras de una humanidad bastante moderna, sobre todo en su consideración de la esclavitud.

         Como autor de tragedias, como Troades, Medea, Phaedra o Thyestes , en las que resalta un pathos cubierto de retórica. De él tenemos la única pretexta que se ha conservado, Octavia, cuyo tema es el destino de la primera mujer de Nerón. Por último, su obra más original es Apocolocynthosis, sátira menipea en la que se caricaturiza la muerte del emperador Claudio, su llegada al Olimpo como dios, ya que el emperador había sido divinizado a su muerte, y su expulsión de allí al fondo de los Infiernos; obra destinada al círculo de Nerón, en la que se saludaba con grandes esperanzas al nuevo régimen. Sin embargo, su supuesta participación en la conjuración de los Pisones hizo que Nerón en el año 65 d. C. Le diera la orden de suicidarse.


         Su estilo está caracterizado por el pathos, ese sentimiento desbordado de lo trágico que se remonta a Eurípides. Sin embargo, la acción y los personajes pierden importancia. Son obras deformadas por el exceso declamación, por las disquisiciones morales y la erudición mitológica y no contienen el espíritu ni el trasfondo religioso del drama antiguo griego, pero hay en ellas un profundo sentimiento para captar la idea e la belleza moral.
BREVE RESEÑA HISTÓRICA DE ROMA

Según la leyenda, el príncipe troyano Eneas, tras escapar de la destrucción de su ciudad y después de andar errando largo tiempo por el Mediterráneo, acaba por desembarcar en la costa del Lacio, donde reina el rey Latino, con el que forma alianza.

         Ascanio, hijo de Eneas, venido de Troya en su compañía, funda la ciudad de Alba, donde reina después de él una serie de reyes, descendientes suyos.

El último, Procas, deja dos hijos, Numítor y Amulio. Numítor, el mayor y heredero legítimo, es derribado por Amulio, que relega a la hija de aquél, Rea Silvia, entre las Vestales. A pesar de esta precaución, Rea Silvia, fecundada por Marte, tiene dos gemelos, Rómulo y Remo. Amulio manda abandonarlos en las aguas del Tíber. Amamantados por una loba, los gemelos sobreviven y, cuando son mayores, matan a Amulio y devuelven el poder a Numítor, que les concede, para establecer allí una ciudad, el lugar mismo en que habían sido recogidos del río, la colina del Palatino.

Así, según esta leyenda, los romanos conectaban su origen con el más prestigioso mito griego, la guerra de Troya, por lo que, en ocasiones, los poetas llaman a Roma la Nueva Troya.
Tras matar a su hermano, Rómulo se ocupa en edificar la ciudad. La leyenda dice que la fundación tuvo lugar el 21 de abril del 753 a. C.

La fundación de Roma, en la forma que le concede la tradición, representa una verdad simplificada y esquematizada; a la luz de la historia, tal fundación se revela más compleja. Se efectúa en tres etapas: las primeras aldeas romanas, la liga septimontial y la Roma etrusca unificada.

Desde el siglo X a.C., el suelo romano vio constituirse una serie de aldeas, colonias latinas que pretenden hacer frente a la expansión etrusca.

Desde fines del siglo VIII se opera una transformación capital
en la vida de las aldeas romanas: el paso del aislamiento a la vida federativa. Siete de las aldeas situadas en el suelo romano se agrupan en la federación del Septimontium, que se mantendrá hasta la conquista etrusca, a mediados del siglo VII a.C. Esta federación crea una organización centralizada: un rey elegido vitaliciamente, una Asamblea, un Senado y un ejército.

A mediados del siglo VII a.C. los etruscos llegan al Lacio. La conquista etrusca representa para el Lacio una inmensa y súbita aportación de civilización: el paso de la vida de tribu a la vida urbana, la sustitución gradual de la vida pastoral por la agricutura, la construcción en piedra, etc.

De las humildes aldeas diseminadas sobre las colinas romanas, los reyes etruscos hicieron una ciudad en el sentido material de la palabra y crearon un Estado centralizado. Los latinos daban tradicionalmente a su río el nombre de Rumón; la ciudad creada por los etruscos será la ciudad del río, Roma.

La dominación etrusca en Roma duró un siglo y medio, hundiéndose en lo que tradicionalmente se ha denominado revolución del 509, que supuso la expulsión de los reyes etruscos y el comienzo de la época republicana. La constitución de la República Romana se basaba en el equilibrio de tres órganos que se controlaban mutuamente: Magistrados, Comicios y Senado. La unión entre ellos se plasma en la expresión SENATUS POPULUSQUE ROMANUS (SPQR).
Tras continuas luchas con los pueblos vecinos, en el año 264 toda la Italia peninsular reconoce la hegemonía romana. Una vez conseguida la unificación de la península italiana, Roma se lanza a la conquista del Mediterráneo, guerreando contra los cartagineses en el Mediterráneo occidental (Guerras Púnicas) y contra los macedonios en el Mediterráneo oriental. Con la victoria sobre estos dos enemigos Roma se convirtió en dueña del Mediterráneo.

A la muerte de Julio César (100-44 a. C.), se abrió una nueva etapa de lucha por el poder, que acabó en el 31 a. C. con la victoria de Octavio Augusto en la batalla de Accio. Con Octavio Augusto se inicia en Roma la época imperial. La palabra imperium designaba el mando supremo, el poder de los más altos cargos públicos, que Octavio fue acumulando poco a poco: el emperador será el jefe supremo civil, militar y religioso.
En el año 476 d. C. desapareció el Imperio Romano de Occidente, cuando Odoacro, un jefe militar de origen germano, depuso al último emperador, un muchacho de trece años llamado Rómulo Augústulo. Por su lado, el Imperio Romano de Oriente perduró hasta 1453, fecha en que su capital, Constantinopla, fue tomada por los turcos.

El estudio de la literatura romana lo vamos a hacer no de forma sistemática, sino por géneros:

Ø El teatro: Plauto, Terencio y Séneca.
Ø La historiografía: César, Salustio, Tito Livo y Tácito.
Ø La poesía épica: Virgilio y Lucano.
Ø La poesía lírica: Catulo, Horacio y Ovidio.
Ø La sátira, el epigrama y la fábula: Juvenal y Marcial.
Ø La oratoria y la retórica: Cicerón y Quintiliano.

Ø La novela: Petronio y Apuleyo.